Comunicado de Liberación Canaria

Quién decide el flujo turístico y dónde se queda realmente el dinero
Hay una realidad que conviene explicar – ¿Quien controla el turismo en Canarias?
Quienes lo controlan no están en Canarias y tampoco tributan aquí.
Los grandes turoperadores internacionales —TUI, Jet2holidays, DER Touristik, FTI o las plataformas nórdicas— son los que organizan, venden y canalizan millones de turistas hacia el Archipiélago.
Ellos deciden destinos, precios, paquetes, temporadas. En la práctica, manejan la puerta de entrada. Pero cuando uno mira dónde tributan, todo cambia.
TUI, el principal actor, concentra una parte muy relevante del turismo que llega a Canarias. Su estructura es global, pero su base fiscal está en Alemania.
Solo paga impuestos en España si tiene actividad directa aquí —oficinas, servicios propios— y aun así, el impacto fiscal en Canarias es limitado, básicamente vía IGIC en operaciones concretas.
Jet2holidays opera igual desde Reino Unido. DER Touristik y FTI hacen lo propio desde Alemania.
El patrón de funcionamiento se repite porque el negocio se genera en Canarias, pero la mayor parte de la tributación se produce en origen. Esto no es ilegal. Es simplemente el funcionamiento del sistema que tiene implicaciones directas para el Archipiélago Canario.
Cuando el paquete turístico se vende en Alemania, Reino Unido o países nórdicos, la tributación principal se queda allí.
Canarias recibe al visitante, soporta la actividad, asume el impacto en infraestructuras, territorio y servicios, pero capta una parte muy limitada de ese flujo económico en términos fiscales.
Solo cuando hay presencia física estable —oficinas, agencias propias, operaciones directas— se genera tributación en España, y dentro de eso, una parte llega a Canarias a través del IGIC. Si no existe ese establecimiento permanente, el grueso del beneficio escapa. Así de simple.
Esto nos coloca ,al Archipiélago , en una posición muy peculiar porque somos un destino de primer nivel mundial, pero con una capacidad muy reducida para capturar fiscalmente el valor que genera.
El turismo deja actividad, sí, pero no necesariamente deja recursos suficientes para sostener todo lo que implica. Porque el turismo también es presión sobre carreteras, sanidad, vivienda, territorio y esa presión la gestionamos aquí, en Canarias.
Aquí aparece el problema de fondo que supone la desconexión entre quién decide, quién gana y quién sostiene el sistema.
Los turoperadores deciden qué destinos se venden, en qué condiciones y a qué precio. Negocian con hoteles, marcan márgenes y orientan la demanda. Su capacidad de influencia es enorme. Pero su compromiso fiscal con el territorio donde operan es, en muchos casos, mínimo o indirecto.
Esto es un dato estructural. Aunque no guste que se hable claro. A partir de ahí, toca hacerse una pregunta incómoda
– ¿puede un modelo sostenerse en el tiempo cuando la mayor parte del control y una gran parte relevante del beneficio están fuera?
La respuesta es evidente y las señales están ahí, a la vista de todos.
Cuando no existe una herramienta fiscal propia que permita capturar mejor ese valor, el margen de actuación es limitado.
Canarias depende de un sistema que no controla del todo y del que obtiene menos retorno del que genera. Es decir ,que el turismo funciona económicamente dentro de un marco donde el equilibrio no está garantizado.
También conviene desmontar una idea extendida, y es que más turistas no significa automáticamente más riqueza para el territorio.
Si el canal de entrada, la comercialización y buena parte del valor añadido están externalizados, el crecimiento puede traducirse en más actividad… pero no necesariamente en más capacidad económica local.
Canarias no necesitamos más turistas, necesitamos un mayor control sobre cómo llegan, cómo se gestionan y cómo se distribuye el valor y beneficio que generan. Sin eso, el modelo seguirá siendo dependiente.
Dependiente de decisiones que se toman en Frankfurt, Londres o Estocolmo. Dependiente de estrategias comerciales que priorizan márgenes globales, no equilibrios locales.
La cuestión es entender el papel que juegan los turoperadores y asumir que, sin herramientas propias —fiscales, regulatorias y estratégicas—, Canarias seguirá siendo un destino de éxito… pero con una capacidad limitada para decidir su propio rumbo.
Porque al final, el turismo no es solo quién viene. Es quién decide, quién gana y quién se queda con la mayor parte del valor. Hoy, esa balanza no está precisamente equilibrada.
