Comunicado de Prensa

Liberación Canaria reclama agilidad y acompañamiento para las familias que siguen pendientes de recibir las compensaciones por las viviendas perdidas en la erupción del Tajogaite.
La reconstrucción de La Palma sigue teniendo una deuda pendiente con quienes perdieron su hogar. Tras años de espera, todavía hay familias cuya recuperación permanece bloqueada entre trámites, documentación y discrepancias sobre las valoraciones.
El Gobierno del Estado ha destacado haber abonado «casi el 100 %» del valor de las viviendas afectadas. Sin embargo, según la información difundida, 20 familias continúan sin recibir el pago por problemas de documentación, entre ellos cuestiones relacionadas con herencias y tasaciones.
Desde Liberación Canaria consideramos que ningún balance puede darse por satisfactorio mientras siga habiendo personas afectadas sin una respuesta efectiva.
Fondos disponibles que deben llegar a las familias
El dinero está consignado, pero los pagos pendientes siguen sin llegar. Las dificultades administrativas deben resolverse con rigor y con medios suficientes para evitar que los expedientes se prolonguen indefinidamente.
Detrás de cada trámite hay personas que necesitan recuperar estabilidad, afrontar el coste de un alojamiento y reconstruir su proyecto de vida. La espera tiene consecuencias económicas y emocionales que las administraciones deben atender.
Reclamamos que se acelere la resolución de los expedientes pendientes, se expliquen con claridad los obstáculos de cada caso y se acompañe a las familias para subsanarlos. La coordinación entre administraciones debe facilitar ese trabajo y evitar que las personas afectadas tengan que recorrer una y otra vez el mismo laberinto burocrático.
La emergencia humana continúa cuando desaparecen los titulares. La reconstrucción exige mantener la atención hasta que las soluciones alcancen también a quienes todavía esperan.
Desde Liberación Canaria seguiremos defendiendo que nadie quede atrás en su propia tierra. La Palma necesita agilidad, respeto y empatía, porque la dignidad no se paga a plazos.

