El gasto turístico en Canarias ¿Cuánto queda realmente?

Cuando se habla del gasto turístico en Canarias conviene que bajemos el balón al suelo y pongamos los pies en la tierra porque el concepto de gasto turístico hay que explicarlo con honestidad y seriedad, porque no todo el dinero que mueve el turismo se queda realmente en el país.

Los medios de comunicación manipulan la información intencionadamente, sabiendo que los datos sesgados generan confusión y desvirtúan la realidad y no explican cuánto queda, de verdad, en la economía canaria.

De cada 100 euros que un turista gasta vinculados a su viaje a Canarias, solo entre 30 y 40 euros permanecen de forma efectiva en la economía canaria.

Es decir, entre el 30% y el 40% de la cifra que mencionan a bombo y platillo. El resto se pierde por el camino en forma de intermediación exterior cuyos beneficios empresariales tributan fuera, en sus países de origen, incluyendo los  servicios contratados desde el exterior antes incluso de que la persona llegue a las islas.

Una parte muy relevante del gasto se consume fuera del territorio sin generar retorno local real, palpable y visible en los bolsillos canarios.

Hablamos de vuelos operados por aerolíneas con sede fiscal externa, turoperadores internacionales, plataformas digitales, cadenas hoteleras con estructuras societarias fuera de Canarias y compras masivas de productos importados para abastecer el sector.

Ese dinero nunca entra en el circuito económico canario, aunque se compute como gasto turístico.

Lo que realmente se queda en Canarias corresponde, sobre todo, a salarios, pequeños servicios locales, restauración independiente, comercio de proximidad y determinados impuestos indirectos cono IGIC o AIEM por importaciones.

Incluso ahí, el retorno es limitado debido a la precariedad laboral, los bajos salarios y un sistema fiscal que no captura valor generado alguno.

En el caso de la vivienda vacacional, la cifra puede ser aún menor cuando la propiedad es de no residentes. En esos supuestos, el beneficio neto sale casi íntegro del territorio, mientras los costes sociales y territoriales permanecen aquí.

Por eso, cuando se afirma que el turismo genera grandes cifras de gasto, hay que añadir una pregunta clave

¿cuánto de ese dinero mejora realmente la vida de la población canaria?

Hoy, la respuesta es clara. El volumen es alto, pero el retorno es bajo, como mencionamos entorno al 30 o 40% y desigualmente repartido.

Explicar esta realidad no es atacar al turismo. Es asumir, con madurez y responsabilidad, que un país archipiélago con territorio limitado necesita también un modelo que retenga más valor, refuerce su economía interna y garantice que la riqueza que se genera aquí se quede aquí.

Si no tenemos soberanía fiscal plena, sin capacidad de gestión y recaudación de tributos,  no podremos planificar una mayor soberanía económica que es lo que de verdad necesitamos impulsar.

Solo explicando estas realidades desde la claridad se comprende el modelo económico y sus consecuencias,  una economía canaria que crece pero ayuda a salir de la precariedad.

Llamando por su nombre a las situaciones podemos empezar a hablar de impulsar bienestar, equilibrio social y futuro en nuestra tierra con políticas de diversificación productiva y económicas.

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