Comunicado de Liberación Canaria

Quién controla el negocio y qué implica para el Archipiélago
El sector hotelero en Canarias no se entiende sin mirar quién está detrás de la propiedad. Esa mirada es incómoda, pero necesaria.
Una parte relevante de la planta alojativa está hoy en manos de grandes fondos de inversion internacionales, especialmente estadounidenses, que operan con una lógica clara de obtener rentabilidad financiera. Lo demás les importa muy poco.
Es una cuestión de modelo.
Cuando hablamos de actores como Blackstone, Hyatt o Apple Leisure Group, no estamos hablando de empresas locales que reinvierten en el territorio donde operan.
Nos referimos a estructuras globales , fondos de inversion cuyo objetivo es maximizar el valor de sus activos ( es decir ,los hoteles), reposicionarlos y, llegado el momento, venderlos con beneficio.
Ese es el negocio de ellos. No busquemos más allá. Así funcionan ,nos guste mas o menos, ellos miran por sus intereses no por los nuestros.
Blackstone, por ejemplo, se ha convertido en el mayor propietario individual de hoteles en Canarias. A través de HIP, controla miles de habitaciones en las principales islas. Su estrategia ha sido comprar activos, orientarlos hacia segmentos más rentables —principalmente el lujo— y preparar su venta por miles de millones de euros.
A esto no se le puede llamar desarrollo económico canario es una mera gestión especulativa de cartera.
Hyatt sigue una línea similar. Su entrada directa en Canarias en 2025 no responde a una apuesta por el territorio, sino a una tendencia global que es capturar mercado en destinos consolidados y posicionarse en el segmento premium. Más valor por cliente, menos volumen, más margen.
Apple Leisure Group, integrado en Hyatt, refuerza ese modelo de negocio. Ofrecer experiencias de alto nivel, wellness, exclusividad. Todo muy bien empaquetado. Pero la pregunta sigue siendo la misma para nuestra sociedad canaria
– ¿qué parte de todo ese valor se queda aquí?
Ese es el punto crítico.
Cuando la propiedad del negocio turístico está en manos externas, una grandísima parte de los beneficios no se reinvierte en Canarias. Se repatria. Sale del circuito económico local. Se convierte en dividendo en otro país, en otro mercado, lejos de donde se genera y esto tiene consecuencias serias.
Primero, limita el efecto multiplicador del turismo. No todo el dinero que entra se queda ni circula en la economía canaria.
Segundo, condiciona el tipo de empleo que queda más enfocado a la operativa que a la toma de decisiones. Es decir, empleo mediocre.
Tercero, orienta el modelo económico hacía lo que es rentable para el inversor, no necesariamente hacia lo que es equilibrado para el territorio y la gente que lo habita, es decir para nuestra sociedad canaria.
Lo importante para los fondos de inversion extranjeros es la revalorización del activo frente al desarrollo del territorio. El resto les importa cero. Para estos fondos, un hotel es un activo financiero. Se compra, se mejora, se posiciona y se vende. Si no entendemos este juego no comprendemos como funciona el modelo y su diseño.
El territorio no es el fin, es el contexto. Y eso cambia las prioridades. No se invierte pensando en el largo plazo social o ambiental de Canarias, sino en el ciclo de rentabilidad del activo.
El resultado lo tenemos a la vista. Se tratar de la conversión hacia el lujo, aumento de precios, presión sobre el suelo y una progresiva desconexión entre el modelo turístico y la vida cotidiana de quienes viven aquí.
No es casualidad que el acceso a la vivienda se complique o que determinadas zonas estén saturadas. Cuando el mercado se orienta a maximizar ingresos por visitante, todo lo demás se ajusta a esa dinamica interesada de los fondos de inversión. Ellos están para ganar dinero y no para que la sociedad canaria prospere.
También conviene hablar claro sobre la regulación porque Canarias tiene competencias limitadas para intervenir en esta dinámica.
No cuenta con un sistema fiscal propio que le permita captar de forma efectiva una parte mayor de la riqueza que se genera en su territorio. Esto reduce el margen de maniobra institucional y deja al Archipiélago en una posición de dependencia.
Dependencia de inversión externa, de decisiones que se toman fuera y de intereses que no siempre coinciden con el bienestar local.
En este contexto, el papel de las patronales merece una reflexión. Organizaciones como ASHOTEL o CEHAT representan al sector, sí, pero el sector hoy está profundamente influido por estos grandes grupos. Cuando hablan de inversión, competitividad o crecimiento, conviene preguntarse desde qué intereses se construye ese discurso, es una cuestión de necesaria transparencia.
El riesgo aquí no es el turismo en sí. Es el crecimiento desmedido, masivo, los efectos devla hiperturistificación del territorio.
El verdadero riesgo es que se ha convertido en un monocultivo controlado desde fuera, donde las decisiones estratégicas no se toman en Canarias y donde el retorno real para la sociedad es cada vez más limitado.
Eso tiene implicaciones a medio y largo plazo pues una economía dependiente pierde capacidad de decisión. Se adapta en lugar de planificar. Reacciona en lugar de liderar. Eso, en un territorio como Canarias —limitado, frágil y con retos sociales claros— no es una posición sostenible, ni deseable
La historia económica de Canarias está llena de empeños y fracasos de diversos monocultivos que terminan por arruinar el destino de la sociedad canaria. Lo absurdo es seguir repitiendo la historia.
La cuestión, por tanto, es establecer reglas claras, garantizar retorno local y diversificar el modelo. No se trata de cerrar puertas, sino de dejar de estar en una posición de subordinación.
Canarias necesita más capacidad de planificación, más control sobre su suelo, más herramientas fiscales y, sobre todo, una estrategia económica que no dependa de un único sector ni de actores externos.
Porque si el modelo lo definen otros, el futuro también.
