El modelo económico canario y la salud mental

Comunicado Secretaría Nacional de Sanidad

En Canarias, el aumento sostenido de los problemas de salud mental mantiene una relación directa con el modelo económico vigente. No se trata de una cuestión individual ni de un fenómeno coyuntural, sino del resultado acumulado de precariedad laboral, salarios bajos, dificultad de acceso a la vivienda y ausencia de expectativas reales de mejora vital.

Los datos sobre ansiedad, depresión, consumo de psicofármacos y bajas laborales por causas psicológicas coinciden en el tiempo con un contexto económico que genera inseguridad permanente. 

Cuando trabajar no garantiza estabilidad y vivir se convierte en un ejercicio constante de ajuste, el malestar emocional deja de ser una excepción para convertirse en una realidad estructural.

Desde Liberación Canaria sostenemos que la salud mental es un indicador directo de la calidad del modelo económico y social.

El mercado laboral canario se apoya mayoritariamente en sectores de bajo valor añadido, con elevada temporalidad y salarios insuficientes. 

Para miles de personas, encadenar contratos o depender de temporadas altas y bajas impide planificar la vida más allá del corto plazo. 

Las consecuencias son medibles. Estrés sostenido, ansiedad vinculada a la incertidumbre económica, insomnio y desgaste emocional progresivo.

La vivienda se ha convertido en un segundo factor de presión decisivo. El aumento de los precios del alquiler, la escasez de vivienda pública y la presión del uso turístico generan inestabilidad residencial y sobreesfuerzo económico. 

Vivir con la preocupación constante de no poder mantener el hogar afecta de forma directa a la salud mental y deteriora la convivencia familiar.

Ante este malestar de origen estructural, la respuesta predominante ha sido la medicalización. 

El incremento del consumo de ansiolíticos y antidepresivos refleja una estrategia de contención individual que no actúa sobre las causas profundas del problema. Al mismo tiempo, el sistema público de salud mental soporta una presión creciente, con listas de espera prolongadas y falta de profesionales suficientes.

Las consecuencias trascienden el ámbito sanitario. Aumenta el absentismo laboral, se debilitan los vínculos comunitarios, familiares y se reduce la capacidad colectiva de iniciativa y participación. 

Una sociedad sometida a estrés estructural ve limitado su desarrollo económico y social.

La salud mental no puede abordarse únicamente desde la sanidad. Depende de empleo estable, salarios dignos, acceso a la vivienda y expectativas reales de futuro. 

Por eso, situar la salud mental en el centro del debate económico resulta imprescindible.

Canarias necesita un cambio de rumbo que reduzca la inseguridad vital. Diversificar la economía, mejorar las condiciones laborales, garantizar el acceso a la vivienda y reforzar la atención pública en salud mental son medidas con impacto directo sobre el bienestar psicológico de la población.

La salud mental es una cuestión de dignidad social. Su deterioro no es inevitable. Es la consecuencia de decisiones económicas concretas y, por tanto, puede revertirse con políticas orientadas a mejorar la vida real de las personas.

Publicaciones similares